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Gobierno obrerista y antiobrero

engranajes11

“Un hombre que escoge entre beber un vaso de leche o una solución de cianuro de potasio no escoge entre dos bebidas; escoge entre vivir o morir. Una sociedad que escoge entre capitalismo y socialismo no escoge entre dos sistemas sociales; escoge entre cooperación social y desintegración social. El socialismo no es una alternativa al capitalismo; es la alternativa a cualquier sistema donde el hombre pueda vivir como ser humano”

Ludwig Von Mises

La semana pasada trabajadores de Lácteos Los Andes denunciaban que la empresa está quebrada. Nada sorprendente. En la misma semana el presidente Nicolás Maduro volvía a referirse a su gobierno como “obrerista”. Esta historia está ya bastante repetida, la vivimos con las empresas de Guayana y con otras tantas. Luego del furor de la estatización los empleados se dan cuenta que las cosas solo van a peor: su capacidad de negociación con los patronos ha disminuido y además, la viabilidad de la empresa se ve comprometida. El hecho en socialismo deja de ser eslogan para pasar a ser realidad y a realidad no es otra que la ruina.

Existen dos razones directas por las cuales un gobierno nunca puede ser obrerista. La primera es de naturaleza lógica: los conflictos no desaparecen si el gobierno es el patrón, en el corto plazo sigue habiendo una torta que repartir. Ahora, las instancias para resolver los conflictos si que desmejoran para los trabajadores; en especial en un gobierno socialista donde tiende a fundirse partido, gobierno y Estado. Esos trabajadores que festejaban cada toma no se pusieron a pensar porqué en Cuba nunca hay huelgas. Si el gobierno es el patrón, será mucho más difícil para los trabajadores poder conseguir mejoras. El desprecio por la discusión de los contratos colectivos es solo una muestra de lo bien que le va a los trabajadores cuando el gobierno es juez y parte. Algunos creen que la falta de un poder judicial independiente afecta solo a la oposición. El segundo punto es mucho más determinante. La clase obrera como tal ha venido perdiendo peso. Atrás quedaron los años dorados de los sindicatos. En Venezuela la destrucción de la empresa privada solo ha acentuado el problema. Hoy en día existen muchos trabajadores por cuenta propia, muchos profesionales, pequeños empresarios, etc. Es una tendencia global. Cualquier persona que llegue al poder le interesará en primer lugar retenerlo; ningún gobierno en Venezuela puede ser obrerista porque sencillamente los obreros en este país son una minoría. Nada gana el gobierno favoreciéndoles como grupo, a costa de desmejorar a otros sectores. Si a los trabajadores de Lácteos Los Andes hay que exprimirlos al máximo para atender Mercal sencillamente el gobierno lo va a hacer y en efecto así ocurrió. Acá de nada sirve cuanto se haya aplaudido las estatizaciones. Su patrón es el gobierno, que al igual que usted, tiene intereses. Sencillo.

Lamentablemente muchos siguen atrapados en la infantil retórica marxista de la lucha de clases. La historia a demostrado que la teoría de Marx solo ha sido un costoso error, costosísimo. A largo plazo el interés del empresario y del trabajador es el mismo: que la empresa sobreviva y prospere. En el corto plazo siempre habrá conflicto de intereses. Después de todo, siempre que hay una torta que repartir lo hay. Los socialistas ven la torta como fija y por eso centran todo su análisis en la lucha de clases. Esta visión miope es la responsable de grandes desgracias. El trabajador siempre tendrá mejores posibilidades negociación y de hacer valer sus derechos negociando con un empresario privado y contando con un sistema judicial independiente. Acá no se trata de decir que los empleadores son gente buena o mala, se trata de bajo qué sistema los trabajadores tienen mejores perspectivas a largo plazo. Sin lugar a duda, los trabajadores no estarán mejor en un sistema socialista donde el gobierno emplee a todo el mundo. No solo desde el punto de vista de su capacidad para acceder a un mayor trozo de la torta en el corto plazo, sino sobretodo en la capacidad que se tendrá para expandirla. Lo ocurrido con Lácteos Los Andes, y que seguirá ocurriendo con otras empresas “socialistas”, es una muestra de ello: los trabajadores no mejoraron su capacidad de negociación con los patronos y además, pero aún, la viabilidad de su puesto de trabajo está seriamente comprometida: hecho en socialismo.

Francisco Ibarra Bravo

@franibar10